Testimonios de víctimas de explotación laboral y trata en los campamentos del oro y la madera en Madre de Dios

Testimonio de “F”

“Un día, antes de ir al colegio, me fui con unos amigos a dar una vuelta por el terminal de buses que van a Cuzco, para ganarnos un sencillo cargando equipaje. Por eso siempre íbamos al paradero de buses. Ahí conocimos a una pareja de esposos que eran comerciantes y nos dijeron que llevaban verduras hasta Puerto Maldonado. Esta pareja nos pagaba S/.5.00 por cargar sus bultos y nos invitaban desayuno. En una ocasión nos ofreció ganar S/.600 soles mensuales si íbamos a trabajar con ellos a Puerto en la minería.Mi amigo “L” y yo aceptamos porque ya antes habíamos escuchado de otras personas decir que allá se ganaba bien, que había bastante oro y que podías ganar harta plata. En el caso de mi amigo“L”aceptó ir porque su padrastro todos los días, por cualquier motivo, le pegaba y también a su mamá. Por eso él decidió ir. No le contamos a nadie que íbamos a viajar, quedamos en encontrarnos a las 6 de la tarde en el paradero. Luego de salir del colegio fui a mi casa y puse en mi mochila algunas ropas que alcanzaban y salí sin que me viera nadie. En el paradero me esperaba “L” y la señora Consuelo (la señora era arequipeña y su esposo de Cuzco).[…]

Llegamos a Puerto Inambari y cargamos los bultos de mercadería y nuestras mochilas al bote. Cuando cruzamos el río rumbo a Puerto Punkiri, ahí nos esperaba un señor de apellido Quispe, al que le lla- maban “el patrón”. Ese señor (otro cuzqueño) era amigo del esposo de doña Consuelo. Luego cargamos los bultos y nos subimos todos atrás de la camioneta. No sabíamos a donde nos llevaban. Ninguno de ellos nos dijo nada.Así llegamos a un lugar que lo llamaban Huaype. Después nos en- teraríamos que se llama Huepetuhe. En ese lugar dejaron una parte de la mercadería que trajeron de Arequipa. Mientras se hacia eso, escuchamos murmurar a unas personas de Huaype “ahí vienen más obreritos. Pobrecitos”y se rieron. Después en la misma camioneta nos llevaron sin parar por todo el río hasta llegar a Delta 1. Ahí en Delta se quedó la señora Consuelo y su esposo. No sabemos si hicieron algún trato con “el patrón” Quispe, pero cuando salimos tempranito ya no estaba la señora Consuelo ni su esposo, “E”74 también se había quedado con ellos, después supimos que trabajaba en un bar en el mismo Delta 1.

Cuando llegamos el “patrón” (don Quispe) nos dijo que ellos pagan luego de “90 días” de trabajo y que por cada 30 días nos pagarían S/.500; o sea que después de 90 días recibiríamos S/.1,500. Eso nos emocionó. Nosotros nunca habíamos pensado en ganar tanto dinero por eso nos alegramos y empezamos a trabajar.

Pasados los 90 días cuando pedimos nuestros pagos al Chacal, él nos dijo que el “patrón” va venir el fin de semana, con esa esperan- za seguimos trabajando. Cuando vino el “patrón” y le pedimos que nos pague nos dijo “la próxima semana les voy a pagar”. Ya habían pasado 2 semanas de los 90 días y nos empezamos a quejar y exigir el pago. Cada vez que íbamos a pedir que nos pague, el chacal nos botaba y si insistíamos nos amenazaba con pegarnos. Como no hay policías en Delta, no teníamos donde quejarnos. Después de mucha insistencia ya no volví.

Testimonio de “C”: 

“[Mi tío] en un camión nos trajo a Mazuco. Dejó con una señora a mis dos hermanos mayores que yo. A mi me llevó con él, por el río, a Laberinto. Yo tenía mucho miedo al río porque no se nadar. En Laberinto me dejó con un señor. Le dijo: “aquí está, dame la plata”. Me dijo que me iba a quedar a trabajar con ese señor. Él, “el patrón”, era de Cusco. Ese señor le dio plata, no se cuánto. Mi tío me dijo que si no obedezco me van a botar al río. […] Estuve como 5 años en ese lugar. Mi tío venia de tiempo en tiempo, creo que cada tres meses, a ver si estaba trabajando y recibía plata. Venía, pero no me decía nada. Solo me miraba de lejos. La señora Marta [cocinera] me decía que me había vendido al “patrón”. Yo no entendía eso.”

Testimonio de “D”

Yo vine a este lugar hace 3 años. Mis padres, cuando estaba de va- caciones, me mandaron con un tío, Don Raúl se llamaba, a trabajar

a esta zona. Yo no sabía donde estaba ni lo que iba hacer.

Al llegar a Mazuco mi tío me llevó a Huaype. Apenas llegamos a ese lugar me llevó a la casa de la Sra. Baca. Mi tío habló con ella y nos dijo que podíamos trabajar en sus minas. Así, nos llevaron en una 4 x 4 hasta su lavadero. La Sra. Baca tenía bastantes personas trabajando en sus lavaderos. Yo ayudaba a los peones en el lavadero, pasándoles sus herramientas y cargando baldes.

Testimonio de un niño de 14 años oriundo de Canchis (Cusco)

Apenas terminaba de apoyar en la cocina “el chacal” me enviaba a lavar oro en las “chupaderas”,87 yo no quería y la señora Marta me ayudaba. Le decía al chacal que era muy chibolo para estar en el pozo, “mejor que me ayude”, le decía. En ese lugar cuando otros peones no trabajaban les pegaban con palo, les tiraban con piedra, para que trabajen. También les pegaban a los hijos de la cocinera. Yo no jugaba, me daba miedo que me peguen. En todo ese tiempo yo tenía mucho miedo. Pegaban duro a los que no querían trabajar u obedecer. Un día casi le matan a un peón, Leo se llamaba. Dijeron que se había robado 2 gramos de oro, pero él decía que no. Le metieron al pozo y le hacían ahogar. Le pegaron con palo, con puñetes y patadas. Le dejaron herido. Después estaba enfermo, tenía fiebre, vomitaba. La señora Marta le ayudó a curarse. Cuando vino el patrón le llevaron a la posta. Ya no volvió. 

Testimonio de “M”

Nos vinimos en la camioneta vieja de Celestino. Cuando veníamos pensábamos entrar a trabajar lavando oro. Pero cuando llegamos a Mazuco eso cambió. La gente hablaba que todos los días mataban y desaparecían gente en Huaypetuhe y Laberinto. Nos dijeron que en esos lugares, si tienes plata te roban y, si pones resistencia, te matan. Allá no hay policías, no hay nada. Te enfermas, no hay quien te cure. Allá la vida no vale nada. […] La faena empezaba a las 6:00 a.m. y terminaba a las 5:00 p.m. Primero tomábamos desayuno y después íbamos a cortar los árboles. […] llevábamos nuestro almuerzo […]. Pero el“patrón”llevaba otras cosas como atún, galletas, gaseosa “Kola Real”, cerveza en lata, si querías solo tenías que pedir pero te costaba muy caro y nos descontaba de nuestro pago. Al final uno trabajaba casi para pagar lo que se come. Por esa razón, Celestino y yo tomábamos harto refresco de fariña para matar el hambre y no comprarle al “patrón” […]Celestino malogró la motosierra del “patrón”, pero en el campamento había otra motosierra que, según el “patrón”, era supuestamente nueva y no quería utilizarla porque era para venderle a un obrero. Entonces Celestino para continuar trabajando y no se paralice el trabajo, le dijo al patrón que le vendiera la motosierra. Cuando le preguntó a cuanto le va vender, el “patrón” le dijo que le iba a

descontar de su sueldo, que mejor lo arreglaban cuando recibía el resto de su pago y que no se preocupe. Celestino aceptó comprar la motosierra.

[…] pasada una semana de regresar del monte y que el maderero ya había vendido la madera, no nos pagaba nada. Según dijo el precio de la madera era bajo, y que había tenido que vender al mismo precio de la moena y lupuna […].

En el momento de sacar la cuenta, el “patrón” sumó todo lo que habíamos consumido en el monte y campamento y nos descontó. También nos descontó por haber cortado mal la madera, diciendo que ya no sirve y que eso él pierde. En total habíamos salido de- biendo al “patrón”. Yo le debía 250 soles; Celestino le debía 1000 soles porque le cobró muy caro la motosierra que se malogró. Nos dijo que para la próxima zafra ya tiene comprador que le va pagar 2.50 soles la madera, y ahí todos vamos a ganar bien. Por todo eso accedimos a regresar y pagar la deuda.

Testimonio de “U”

Ahí estuvimos por 60 días sacando madera. Luego de haber logra- do cortar un total de 30,000 pies de tornillo y caoba, regresamos a “Las Piedras”. Llegando a “El Prado”, nos fuimos a la empresa a pedir nuestro pago por el trabajo realizado. Pero la esposa de Leonidas nos dijo que regresemos a trabajar y terminar los días que faltaban para recién cancelarnos. Y sobre el contrato nos dijo que todavía no lo había firmado el Administrador de la empresa, que todavía no volvía de Juliaca. […]

Cuando ya estábamos en los 80 días de trabajo y con 50,000 pies de madera, de repente en un tronco estaba un jergón (culebra venenosa) y me picó en el brazo derecho. Entre los que estábamos

en el lugar no había alguien que supiera que hacer frente a estas picaduras. Nadie supo que hacer en esos casos. Cuando

llegué a Puerto Maldonado yo ya había perdido el conoci- miento. Me mandaron al Cusco. En el Cusco nada pudieron hacer. Allá me cortaron el brazo, porque ya estaba cangrenando. Yo no estaba conciente de todo lo que me pasaba. Después […] volví a la empresa Shihuahuacu a buscar al Sr. Morales, para que me pague lo que me debía y me apoye en mi recuperación. Ese maldito no quiso pagarme todo lo que me debía. Por eso vine a Puerto y fui a poner una denuncia por medio del Vicariato, donde hay padres españoles, para que me apoyen en mi denuncia. Ellos me dan apoyo y asistencia legal en estos casos. La fiscalía está viendo mi caso.

Testimonio de una víctima de trata de 27 años oriundo de Quillabamba (Cusco)

Llegando a Puerto Maldonado todo costaba caro. Su plata de Celes- tino se estaba acabando, pues él había venido con su esposa y sus 2 hijos. Estábamos 3 días en Puerto, alojados en un hostal. En esos días, Celestino conoció al “Tigre”, un empresario maderero, quién nos ofreció trabajar en Planchón (distrito Las Piedras). Primero nos ofreció un adelanto de 300 soles y mensual nos pagaría 800 soles, el trabajo duraría “90 días” y teníamos que cortar 50,000 pies de ma- dera entre caoba, tornillo, cedro e ishpingo. Un nativo había antes “rumbeado” el monte. Llegando a la zona de Planchón, Celestino alquiló una choza por 3 meses en el que se alojó su familia, porque nosotros teníamos que irnos al monte. Un día antes, el“Tigre“, así le llamaban al“habilitador”, nos dio a cada uno 300 soles, yo le debía a Celestino 200 soles. Los 100 soles restantes los gasté ese mismo día, comprando varias cosas que me faltaban para la zona (sandalias, cepillo, polo, jabón, polos, toalla y alguna otra cosa más). […] 

En la segunda zafra ya habíamos sacado, más o menos, 10,000 pies. Un día usando el disco para cortar la corteza de los árboles en un descuido abrí mi mano en 2 y se quedó colgado 3 dedos. Me empezó a chorrear harta sangre y no aguantaba el dolor. Yo grité de dolor pidiendo auxilio. El patrón le mandó al nativo a que me atendiera. Me amarraron con mi polo, pero seguía saliendo mucha sangre. No aguantaba el dolor. Bajé en “peke peke” con el nativo hasta el primer campamento para que me ayuden y me den pastilla para quitar el dolor, pero no me hacía nada. El nativo me trasladó en el “peke peke” hasta llegar a la primera comunidad que tiene posta médica, pero ya la herida se había infectado. Me había fregado para siempre la mano, cuando llegué a la posta me desmayé porque había perdido mucha sangre y cuando me desperté ya no tenia la mitad de mi mano (los 3 dedos que estaban colgados). Me enviaron de emergencia a Puerto Maldonado, ahí me cortaron la mano porque sino se iba a cangre- nar. Después de varias semanas, ya sin mano y vendado, regrese a Planchón a cobrar lo que había trabajado y a que me reconocieran todos los gastos.

Testimonio de “S”

En el campamento éramos 10 trabajadores y 1 mujer que era la cocinera. Ella era una mujer mayor de edad. Muchas veces también traían a una “ayudante” de la cocinera que siempre era chiquilla. Teníamos que pagar al patrón para tener relaciones sexuales con ella. Todo eso sumaba en su cuaderno para que después de 90 días nos descuente.Las chiquillas no duraban mucho. Algunas se escapaban porque no soportaban el trato. Era duro para ellas. Todos tenían que pasar por su campamento en la noche. Cuando son nuevas (chiquillas vírgenes), en la noche el patrón aprovecha para hacerlas tomar, las emborracha para que se dejen manosear. Algunas accedían sin fuerza; en otros casos era a la fuerza. A punta de golpe las violaban. Primero pasaba su chacal. Después nos mandaban a los obreros.

Testimonio de “H”

Así, sin darnos cuenta terminábamos trabajando años y años para los ma- dereros. Y, por su parte, los madereros no cumplieron los acuerdos con la comunidad. Por eso, en la segunda zafra yo regresé por la adquisición de una escopeta y muchos jefes tuvieron que regresar con sus esposas e hijos al monte. No teníamos alternativa porque el patrón nos amenazaba y nos decía que le debemos pagar la deuda adquirida. Pero algunos jóvenes de mi edad, se escapaban y otros no regresaban a trabajar en la segunda y tercera zafra; terminaban desertando. Los dos hombres con los que vino el patrón tenían armas y se turnaban en las noches para asegurarse de que nadie huya del campamento.

Fuente: La trata con fines de explotación laboral