Peonaje por deudas y esclavitud en la extracción ilegal de madera

Madereros ilegales y nativos no-contactados

“En un estudio basado en una encuesta dirigida a campamentos madereros que se realizó en la cuenca del rÌo Las Piedras, en Madre de Dios, se llegÛ a la conclusiÛn de que el 92% de un total de 261 campamentos madereros se encuentran ubicados en zonas habitadas por grupos indÌgenas de contacto inicial o de contacto reciente”

“Debido a la contÌnua necesidad de expandirse a zonas anteriormente no explotadas, los madereros en repetidas ocasiones han tropezado con grupos indÌgenas aislados o de contacto reciente. En primer lugar, ocurrió en la década del sesenta con algunos grupos o familias Machiguengas, Piros, Amahuacas, y Yaminahuas; y recientemente, con poblaciones Nahuas del Ucayali, tales como los Murunahuas (Chitonahuas), Isconahuas, y los Mashco-Piros del norte de Madre de Dios.Lamentablemente, los contactos preliminares entre madereros y nativos han sido absolutamente negativos para la población indÌgena, y a menudo han dado lugar a la extinción -a través de epidemias- de los  nativos no contactados. Por ejemplo, Lissie Wahl, en un artÌculo sobre la extración de madera, calcula que entre el 50% y 60% de los Nahuas han muerto como resultado de este contacto”

Casos contemporáneos de correrías

“Un grupo minoritario de dirigentes indÌgenas inclusive colabora con los patrones madereros para reclutar trabajadores nativos, a través de anticipos u otras maneras de carácter forzoso. Antes de migrar al campa- mento maderero, un grupo elegido de trabajadores indÌgenas recibe adelantos de un 10% a 20% del total del pago. En algunos casos extremos, por fortuna aparentemente escasos, el patrón maderero organiza grupos paramilitares para capturar indÌgenas y obligarlos a trabajar en los campamentos madereros. Una vez que se encuentran en el campamento maderero, los trabajadores se ven atrapados en un cúmulo de deudas producto de los bienes que compran a precios exageradamente alzados. En este caso, las deudas también constituyen un mecanismo de retención forzosa de la mano de obra, de por sÌ sumamente escasa en las regiones aleja- das de la AmazonÌa.”

“Siendo ese el caso, según un representante de FENAMAD, algunos dirigentes ocasionalmente ayudan a los patrones a reclutar trabajadores de manera forzosa a cambio de bienes y alimentos. Cuando ello ocurre, los trabajadores indÌgenas reclutados son generalmente trasladados a zonas muy distantes y son remunerados con todo tipo de objetos en vez de dinero.”

“La esclavitud, cual sea su ropaje, no ha desaparecido, no ha habido nada que la haya parado. Las viejas formas de reclutar trabajadores que se utilizaron durante el perÌodo del caucho parecen no haber desaparecido totalmente. Los casos documentados de esclavitud que se han encontrado, se dan cuando algunos madereros capturan nativos de grupos indÌgenas aislados o semiaislados y los obligan a trabajar para ellos. El primer y más dramático caso de esclavitud ha afectado a los Murunahuas (Chitonahuas), un grupo indÌgena aislado de reciente contacto, localizado a lo largo de los rÌos Alto Yurua y Mapuya, en un área declarada Reserva Territorial por el gobierno peruano en 1997. Dicha Reserva Territorial se ubica en Atalaya, provincia de Ucayali, zona caracterizada por una historia relativamente reciente de esclavitud en campamentos madereros y en haciendas ganaderas. En septiembre de 1995, un grupo de nativos Yaminahuas y mestizos de un campamento maderero fueron deliberada y brutalmente atacados por Murunahuas, y como respuesta, el grupo capturó a un Murunahua, que fue herido en la pierna. Tras trasladar al nativo Murunahua al campamento maderero y curar su pierna, el grupo de madereros lo presionaron para que los condujera al lugar donde se asentaban otros grupos nativos, donde capturaron a otras dos personas. La acción de realizar continuas capturas de nativos se denomina correrÌa, práctica muy utilizada durante el boom del caucho a principios del siglo pasado.”

“Todo indica que lamentablemente los Murunahuas pueden estar trabajando como mercenarios para los madereros. En el año 2001, los nativos Murunahua armados por los madereros de Pucallpa, atacaron y mataron a seis nativos Amahuaca, cuya comunidad se ubica en una zona forestal muy rica”.

Un informante también relata la existencia de correrÌas y ataques a grupos Mashco-Piro a lo largo del rÌo Alto Purús. En Febrero de 2001, ocho Mashco-Piros fueron asesinados después de atacar a un grupo de nativos Amahuacas y Sharanahuas que se encontraban trabajando para un grupo de madereros. Recientemente, un representante de la DefensorÌa del Pueblo de Puerto Maldonado informó que, en Junio de 2003, 50 nativos fallecieron como consecuencia de enfrentamientos con madereros a lo largo del rÌo Alto Purú ̇s.”

El paso entre el peonaje por deudas y la esclavitud

“los patrones utilizan numerosos mecanismos para retener a su mano de obra barata, mecanismos como: amenazas de muerte, retención de documentos, establecimiento de límites a su movilidad, y sobre todo, amenaza con no pagarles si se escapan o intentan fugarse”

“Al comprobar que no pueden ahorrar dinero a través de un acuerdo laboral de este tipo, numerosos trabajadores optan por escaparse de los campamentos antes del final de la zafra, aunque los patrones utilizan una variedad de medios para evitar la fuga de los mismos, especialmente de aquellos m·s endeu- dados. Los mecanismos m·s frecuentes de so- metimiento de los trabajadores son la retención del pago de los jornales, de los documentos de identidad o amenazas que pueden incluir el uso de la violencia.”

“Aunque los patrones usualmente están armados en el campamento, numerosos trabajadores suelen es- caparse antes del final de la zafra; por ello muchos patrones recurren a las correrÌas y a otros métodos forzosos para capturar y mantener a la fuerza de trabajo cautiva (trabajo esclavo). Cabe recalcar que a pesar de que un trabajador puede voluntariamente aceptar iniciar una relación laboral con el patrón, el endeudamiento o el peonaje por deudas constituye un poderoso mecanismo para retenerle forzosamente en caso que éste cambiara de parecer y decidiera marcharse.

“(Informes de la) DefensorÌa del Pueblo prueban que muchos patrones relacionados con la tala ilegal manejan armas. Un ejemplo seria el caso de un asháninka que estuvo un año trabajando para un patrón en un campamento y tan sólo recibÌa como pago azúcar,  sal y otros bienes. Aunque el trabajador indÌgena se escapó en diciembre de 2001, el mismo trabajador también describió el caso de otra persona que trabajó de esa manera por aproximadamente una década”.

“Un último caso de esclavitud ha afectado a los Cashibo-Cacataibo de la comunidad de Sinchi Roca en San Alejandro. Un informante describe que unos madereros pagaron a los dirigentes comunales con motosierras, machetes y botes a cambio de un ìpermisoî para trasladar a 20 nativos de la comunidad -hombres, mujeres y niños– a la zona alta de la cuenca donde se instaló un campamento. Una vez establecidos en el campamento, a los trabajadores indÌgenas no se les permitió abandonar el lugar y eran pagados con latas de atún y otras mercaderÌas. En la medida en que los dirigentes indÌgenas no firmaron documento escrito, resultó problemático denunciar al patrón responsable de dicha acción. No obstante, cuando un sector de la comunidad informó del hecho al Ministerio de Trabajo en diciembre de 2001, los miembros de la comunidad que se encontraban cautivos fueron liberados. Todo indica que este tipo de sucesos son comunes entre los Cashibo-Cacataibos. De acuerdo con un dirigente de una comunidad nativa del mismo grupo Ètnico, los Cashibo-Cacataibos que permanecen aislados lo hacen porque: [Estos] calatos se separaron de nosotros porque no querÌan caer en manos de los madereros porque ellos les hacen trabajar a su gente de sol a sol sin descanso alguno y pagándoles una miseria”

“Samuel A. trabajó entre 1982 y 1987 para un empleador sin ningún tipo de pago. El empleador violó en repetidas ocasiones a Florinda, esposa de Samuel, amenazando a la pareja si abandonaba el campamento. En 1987, la mencionada pareja se escapó a la comunidad de Toniromashi, donde vivÌa la familia de Samuel. Tres dÌas después, el empleador arribó acompañado de dos policÌas, obligándolos a regresar al campamento e indicándoles que podrÌan retornar en un mes. Sin embargo, no se volvió a saber de la pareja hasta después de un año.”

“Carlos P. trabajó durante 30 años desde el amanecer hasta el anochecer, para un empleador sin pago alguno u otra forma de compensación. En uno de sus ú ̇ltimos años como trabajador del fundo, la esposa de Carlos se enfermó y por consiguiente la llevó a un médico. Como castigo, el empleador le impuso una multa de 4,000 intis, a los cuales eventualmente sumó  otros 7,000 intis de interés. Cuando se escribió el informe de AIDESEP, Carlos debÌa a su patrón un total de 11,000 intis”.

Castigos físicos

En un incidente separado, pero también muy dramático, un trabajador de 16 años que laboraba para un empleador en la Quebrada Siticayo, se negó a cosechar yuca en un campamento cuando su pie desarrolló una avan

zada infección producida por un hongo. Como respuesta, recibió una serie de golpes con la parte no afilada de un machete en la sección posterior de su cuello. A pesar de que logró escapar del campamento, el trabajador se quedó ciego para el resto de su vida”

Todas las citas aquí publicadas fueron copiadas textualmente de El trabajo forzoso en la extracción de madera en la Amazonía peruana  de Eduardo Bedoya Garland y Álvaro Bedoya Silva-Santisteban.