Esclavitud, sujeto moderno y liberación femenina

Leyendo a Meillassoux y su Anthropology of Slavery me encuentro con esta historia, impresionante por su dureza. Es la historia de Adukwe, una esclava africana en el siglo XVII. “Su vida es la sucesión de malas condiciones de vida. Sus relaciones con los hombres son precarias, a menudo ilegítimas. Sus hijos no son reconocidos ni mantenidos por los padres: ninguno de sus amantes se hace cargo de ella. Aborta varias veces. Su vida errante no es propicia para la maternidad”. No deja de sorprenderme el increíble parecido entre la vida de esta esclava africana y las condiciones de vida de la mujer contemporánea, sobre todo en la Europa actual. Es inevitable establecer la comparación entre las condiciones de vida de las esclavas hace cuatro siglos y la manera como se desea o puede realizarse en la práctica la liberación femenina en la actualidad: baja fertilidad, renuncia a la maternidad sea por la precariedad laboral o por el deseo de desarrollarse profesionalmente, relaciones volátiles, la posibilidad e incluso el deseo de ser madres solteras entre aquellas que pueden mantener a su descendencia, errancia, la siempre latente posibilidad del aborto como resistencia a sus condiciones de vida o a la prevención de esas condiciones de vida para los hijos. En suma: que la liberación femenina se está entendiendo como el desprendimiento de las mujeres del yugo de la comunidad cuando eso, precisamente, es lo que define a la esclavitud: un esclavo es el que no tiene familia. Es altamente posible que las mujeres solteras y sin familia de más de 40 años se encuentren en una posición muchísimo más vulnerable que sus pares que se encuentran casadas y con hijos. Dudo mucho que la liberación femenina pueda realizarse como negación de la comunidad, es decir, como la realización del absoluto individualismo. Tendría, en todo caso, que hacerlo como redefinición de la misma, que pase simultáneamente por una redefinición de los roles masculinos también. Una redefinición que conserve para la comunidad el poder de proteger a todos sus individuos del mercado y del estado.

4 comentarios

  1. hala tío, de acuerdo en la necesidad de que se requiere una liberación de las mujeres que transforme lo comunitario y no que acentúe el individualismo, aunque, eso sí, los avances que ha logrado la mujer contra el ‘yugo’ de la comunidad actual y estas posibilidades que enumeras, son igual conquistas, parciales, pero conquistas. Con la palabra ‘yugo’ diste en el clavo para denominar el modo relacional que el patrón colonial/capitalista de poder ha tratado de imponer a la relación de las mujeres con sus comunidades. Abrazo!

  2. Me da la impresión que algunas feministas que conozco, sobre todo en España (profesionales, solteras, sin hijos, que han migrado a otras ciudades y que tienen 40 años o más, en situación laboral precaria y comenzando a pensar que se quedaron sin acceso a la salud pública y a sus pensiones de jubilación) están en una situación muchísimo más vulnerable que sus amigas casadas, con hijos, con una pareja estable en la que apoyarse, cercanas a sus parientes, etc. También me da por pensar que todo el rollo de que las mujeres ahora pueden decidir cuándo y cómo embarazarse es una perogrullada: la mayor parte de estas mujeres no podría embarazarse así quisiera, porque encuentra que no tiene los medios para sostener a una familia o mantener a sus hijos.

  3. Yo estoy de acuerdo con tu preocupación, pero me parece que haces una oposición radical y, posiblemente, por lo menos muy abierta a la malinterpretación. Es decir, una cosa es que las mujeres tengan mayor autonomía sobre sí y otra que estén más descomunitarizadas. El actual momento de aselvajamiento del capitalismo hace que ambas cosas estén juntas, pero no tenía porque ser así. Por ejemplo, en las comunidades afro-religiosas de las grandes periferias de Brasil, hay una re-comunitarización de las mujeres: muchas mujeres provenientes del campo pierden sus lazos de parentesco tradicionales, pero conforman otros lazos de parentesco no sanguíneos que tienen en la religión una base material y espiritual… la mala interpretación a la que está sujeta tu argumentación, me parece, es la de que las mujeres hayan optado por un camino necesariamente negativo, cuando me parece que ellas han abierto un camino necesario, pero que vienen a ser víctimas -como los hombres- del inevitable aselvajamiento del capitalismo, no sé si soy claro. Pero me gusta y comparto tu preocupación por la mayor exposición a la que las mujeres -y los hombres- estamos expuestos actualmente.

  4. No sabría como discutir el caso que propones de Brasil, porque no conozco esa realidad. Me parece interesante, sin embargo, la idea de la re-comunitarización, que imaginó fue lo que sucedió con los quilombos y los pueblos de esclavos libertos. No pienso que las mujeres hayan optado por un camino negativo (además, la misma idea de “mujer” comienza a parecerme un constructo ideológico, cabría hablar de casuísticas, en todo caso). Al menos no en España. Lo que pienso en el fondo es que nunca optaron, y que hay un discurso ideológico feminista muy fuerte y muy acorde con el neoliberalismo que las hace creer que lo hicieron. Cambiaron sus condiciones, las necesidades de la sociedad y el Estado respecto a ellas, y también se refinaron los medios de su dominación. Creen que eligen cuándo tener hijos, pero la realidad es que ya no pueden tenerlos ni mantenerlos; creen que eligen a sus parejas, y la realidad es que no tienen y tal vez no puedan tener pareja estable alguna; creen que se han liberado del yugo de su familia, y la realidad es que están más sometidas y más desprotegidas que nunca frente yugo del mercado; y cuando lleguen a viejas, entonces no tendrán una red que las cuide, ni un Estado de bienestar que las sostenga. Lo que imagino es que, como en todo, habrán feminismos de derecha y otros de izquierda, o que hay discursos feministas que el mercado ha tomado y usa para sí.