La cara del pueblo (2)

Ahora Manuel Calloquispe Flores conduce un programa en la televisión regional de Puerto Maldonado: La cara del pueblo. 

Hemos conversado poco más de una hora en “Los gustitos del cura”, la cafetería que está a unos pasos de la plaza de armas de Puerto Maldonado. Y me he tomado, casi al final de la entrevista, la confianza de hacerle una broma:

– Oye, Manuel, ¿cómo puedes llamar a tu programa La cara del pueblo si el pueblo te ha querido partir la cara no sé cuántas veces?

A La cara del pueblo le han hecho llegar amenazas contra su vida hasta en tres oportunidades, y estuvieron a punto de lincharlo en una movilización minera ocurrida en Puerto Maldonado

Manuel se ríe.

La primera de las advertencias llega hasta él hace poco más de un año. Manuel había venido recibiendo denuncias de los vecinos de Aguas Negras, cercana a San Bernardo, sobre un minero que operaba en uno de los aguajales de la vecindad. A aquél pantano de aguas oscuras era donde la gente acudía a pescar y sacaban –como lo había hecho el mismo Manuel durante su infancia en Las Vírgenes del Sol– huasacos y doncellas por montones.Manuel se apersona en el lugar. Recoge los testimonios de los vecinos, saca imágenes del aguajal (ya la ley prohibía la minería en cuerpos de agua como aquél) e investiga al minero.

– Su nombre era Lino Aquino.

Encuentra que Aquino tenía una concesión para el aprovechamiento de la palmera del aguaje. No obstante, al lavar el oro del lecho del pantano, el minero había arrasado con los aguajes y el sitio, que en algún momento había sido una lagunita de aguas oscuras, grandes hojas flotando sobre la superficie y palmeras y pájaros en los alrededores, hogar de anacondas, lagartos, lobos de río y pirañas, comenzaba a adoptar las características lunares de The Road –la apocalíptica novela de Cormac McCarthy–:  árboles secos, y muertos en pie, como zombies del reino vegetal, sembrados sobre una costra muerta de arena, polvo y restos de mercurio y gasolina, bajo un cielo negro a punto de romperse en una lluvia mineral. Esa misma noche, Manuel difunde en La cara del pueblo las imágenes que había tomado y denuncia el uso que el minero estaba dando a la concesión.

La represalia de Lino Aquino no se hace esperar.

En una de las pausas del programa, suena el celular de Manuel.

Es Aquino, insultándolo. Lo amenaza con ir hasta la puerta de la televisora a partirle la cara, o algo peor. Le dice, al final:

– Vas a morir

Manuel logra grabar la llamada. Y nada más acabada la pausa, la publica y pide garantías para su vida.

Al día siguiente, mueve sus contactos en El Comercio y en la Asociación Nacional de Periodistas, y el vídeo y el audio de la amenaza salen publicados en todo el Perú. La denuncia logra que la Dirección Regional Forestal y de Fauna Silvestre anule el contrato de concesión que Aquino tienen a su nombre.

– Eso frenó al minero y motivó que se retirara de la zona. Hasta aquel momento La cara del pueblo tenía el auspicio de tres casas comerciales de Puerto Maldonado que, poco después, retiran su publicidad y se van a auspiciar a programas que defienden abiertamente a la minería.Es una actividad que se ha colado en todos los ámbitos de la vida del departamento. Son muy pocas las voces disidentes, que puedan hablar claro sobre la minería ilegal cómo llega, cómo se inmiscuye en el gobierno regional, cómo domina los medios de prensa. Cómo los medios de prensa llegan incluso a negar la contaminación por mercurio de los ríos, que ha sido probada científicamente. Difaman, distorsionan, desinforman: arguyen que esas pruebas están fraguadas, porque el dinero para realizar los estudios provino de las ONG.

Cosa absolutamente falsa: las pruebas de contaminación por mercurio de ríos, peces y seres humanos fueron los resultados de una investigación de la Universidad de Stanford.

– Es una campaña fortísima para difamar a las ONG y negar lo evidente. ¡Desconocen investigaciones científicas por posiciones interesadas!

Aquélla es la primera escaramuza de una larga lista de denuncias y amenazas. La segunda, lo ve chocar contra la mujer más poderosa del departamento y una de las mujeres más ricas del Perú: Gregoria Casas Huamanhuillca.

Armando Ávalos, reportero para el programa Séptimo día de Frecuencia Latina, había contactado con Manuel antes de viajar a Puerto Maldonado para realizar un reportaje sobre la minería informal. Nada más llegar, le pregunta:

– Dinos lo que sabes acerca de la señora Casas.

Y Manuel cuenta todo lo que sabe. En realidad, lo que sabe todo Puerto Maldonado.

– Es la minera más rica de Madre de Dios, explota los yacimientos más ricos. Tiene inversiones hoteleras en Puerto Maldonado. Es posible que tenga propiedades en Estados Unidos y que esté invirtiendo fuerte en la bolsa de valores de Nueva York.

No cuenta, sin embargo, las historias, las habladurías, el mito que se ha tejido alrededor de la tía Goya: que en sus lavaderos de oro ofrece al Demonio sacrificios de niñas vírgenes, y que el Demonio, a cambio, le devuelve el oro del mundo. A pesar de ello, inmediatamente después de difundido el reportaje en Frecuencia Latina, Manuel recibe una llamada:

– Soy el abogado tal, quiero hablar con usted sobre la señora Casas Huamanhuillca.

El leguleyo cita a Manuel en un conocido hotel de la ciudad, y Manuel asiste. Solo. Encuentra a un hombre fuertemente armado guardando una de las salas privadas del hotel. Al ingresar, Gregoria Casas Huamanhuillca y su marido, don Cecilio Baca, lo pulverizan con la mirada. Uno de los abogados (el que había contactado a Manuel), se identifica.

– Era de Lima –cuenta Manuel– pero había otro: del Cusco. El abogado personal de la señora.

– Has deshonrado, has faltado al honor de la familia Baca –le dice.

En el reportaje, Manuel se había referido a doña Gregoria como “La tía Goya”, que es como la conocen en la ciudad.

– ¿Quién te ha dado permiso para llamarme tía? –habla por fin la señora Casas – ¿Acaso me estoy acostando contigo? El término es insultante. Soy una trabajadora, no una prostituta. Y tampoco soy tu tía.

(En una entrevista Gregoria Casas había dicho a El Comercio: “[ustedes] dice[n] que soy la baronesa del oro, la reina del oro, la tía Goya, de dónde voy a ser tía. Eso le dicen a una mujer foco rojo, prostituta, que trabaja con 50 hombres. Mi nombre es Gregoria Casas. Dicen que cargo oro en sacos, que tengo cuentas y casas en EE.UU. Eso es falso.”

Don Cecilio Baca continua con las increpaciones.

– ¿Quién eres tú para estar hablando de mi mujer?

Y le menta a la madre. Los abogados solicitan a Manuel que rectifique:

– Mañana en tu programa vas a pedir disculpas públicas por haber difamado a la señora Casas.

También le piden que grabe el programa en un CD, y se los envíe, como prueba.En clara desventaja, abrumado por la mayoría numérica, Manuel dice: si, si si. Y luego la Goya cambia el tono.

– ¿Por qué te me has prendido? –le pregunta, más amistosa– si nosotros siempre colaboramos con la prensa. Vente un día a mi casa a comer, para conversar tranquilos, como amigos.

En la posterior emisión de La cara del pueblo, Manuel no rectifica. Y en la siguiente, tampoco. Tres semanas después, uno de los abogados vuelve a telefonearlo.

– ¿Dónde está la grabación que ibas a enviarnos?

– No…si…Los equipos de canal están malogrados. Actualmente no tenemos la tecnología para grabar los programas. En cuanto podamos, se los envío.

Todavía siguen esperando.

Sin embargo, la amenaza más grave la recibe de un extranjero involucrado con la minería ilegal en Madre de Dios.

– Por motivos de la misma investigación no puedo revelar el nombre –arguye Manuel– Este hombre está profundamente involucrado con las autoridades de Madre de Dios. Y tiene muy fuertes inversiones en minería ilegal en la región.

Manuel ha logrado sacar algunas imágenes de la zona donde trabajaba aquél empresario. Ése día, al regresar a la ciudad, Manuel es abordado por dos hombres que le arrebatan la cámara y, tres meses después, un conocido de Manuel, sabido por todos, un minero, lo aborda.

– Manuel, vamos a tomar un refresquito –le sugiere.

Al legar al bodega y sentarse, lanza una advertencia, en primera:

– Sé que estás chocando con el Hombre.

– No –se hizo el loco Manuel– ¿cómo crees?

– No, tú lo estás investigando. El Hombre sabe que lo estás investigando.

Manuel lo niega todo. Antes de levantarse, el mensajero se despide con una advertencia:

– Manuel: no lo investigues. Ese huevón es bien malo, y bien jodido. Y te va a cagar, te va a joder. Te recomiendo que no sigas por ahí. Él sabe que lo quieres joder. Está en juego no sólo tu integridad física, también la de tu familia.

– Después logré averiguar que mi conocido trabajaba para el Hombre en cuestión, o es uno de sus testaferros. Existe una mafia que ha tejido una red de blanqueo del oro.

El blanqueo del oro comienza con los mismos mecanismos que el Estado está utilizando para la formalización de la actividad minera en Madre de Dios. El proceso de formalización minera ha creado una Declaración Única de Compromiso. En ella, el minero declara bajo juramento que tiene una concesión, un título minero, un petitorio o derechos mineros aprobados, y que en esas tierras viene produciendo oro. Con esta declaración, el minero inicia su proceso de formalización, pero, además, le sirve para comprar insumos, para vender oro o comprarlo.

– El oro que proviene de lugares en los que la minería no está permitida se lava de esta manera. La Dirección Regional de Minería debería corroborar esa declaración jurada, y acreditarla. Se han entregado más de 4000 declaraciones de compromiso, y no necesariamente a mineros con títulos o petitorios mineros, sino a mineros que no tienen concesión, o a mineros con concesiones caducas, donde ya no hay oro.

 En los demás eslabones, la cadena productiva del oro coincide casi al 100% con una red criminal de lavado de dinero.

– Se trata de abogados que están conectados con la fiscalía, y también con la policía. Me cuesta creer que haya más de 1800 denuncias de minería ilegal en Madre de Dios y sólo 3 están están siendo vistas por el poder judicial. Hay más de 28 casos de lavado de activos investigándose, y nadie procesado. No es que haya mineros abusivos, es toda una organización criminal la que está blanqueando el oro. La policía lo decomisa  y los fiscales en vez de depositarlo  en el Banco de la Nación para proceder a la investigación se valen de las argucias para devolvérselo al minero.

Si algo está claro, es que los impactos que la minería ha producido en Madre de Dios no sólo son visibles en el medio ambiente, también lo son en las personas, en la sociedad, en la estructura que organiza a la política departamental, en la organización estatal.

– Todo eso se ha corrompido– finaliza Manuel.

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About Gabriel Arriarán

Es el director de Frontera Pirata. Licenciado en antropología por la PUCP, MsC in Social Anthropology por el LSE. Trabajó como reportero en LaMula.pe, fue colaborador de la revista Frontera D, en España, y de la plataforma de periodismo de investigación Convoca.pe, en Perú. Fue uno de los periodistas que participó de la investigación de los Panama Papers. Escribe sobre la actual fiebre del oro en la Amazonía, e investiga casos de trata de personas asociados a las mafias de la minería ilegal.