No vale pensar

Desde El útero de hierro estamos en profundo desacuerdo con la campaña #NovaleArrugar. Consideramos lamentable que se aliente al público en general a reaccionar distinguiendo entre “los que no arrugan”, los que “están del lado del Perú”, los que están a favor de la formalización minera (ahora, claramente, al caballazo), frente a los que arrugan, los que no están del lado de los peruanos, siendo éstos últimos, evidentemente, los mineros. En esta burda manipulación, quiénes no están de acuerdo con la campaña aparecen como si estuvieran en contra de la formalización de la minería.

Nada más absurdo.

Lo primero que uno siente al ver en el vídeo una división tan tajante entre los que están del lado del Perú y los que no, es miedo. No un miedo cualquiera, miedo de verdad. Terror, al pensar que miles de familias de mineros corren el riesgo de quedar del otro lado del Perú (los malos, los delincuentes). Según cuenta  Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén: una crónica sobre la banalidad del mal, el Tercer Reich montó una maquinaria burocrática para arrebatar a los judíos su nacionalidad alemana, además de sus bienes, antes de enviarlos a los campos de exterminio. Nadie puede decirle a los mineros y sus familias que no son peruanos, porque eso sería arrebatarlos de sus derechos más elementales. Pensamos, consecuentemente, que el uso repetido de la palabra “erradicación”, asociada a la lucha contra la minería ilegal, semánticamente es demasiado cercano al uso común de esta otra palabra, “exterminio”. Los realizadores de la campaña deberían conocer que en una población a la que seduce la tentación de apuntar dedos y demonizar a los demás, a los otros, a los diferentes, y por tanto, seduce también la idea de uniformarlos y si esto no es posible, exterminarlos (como ya antes ocurrió en campos construidos ex–profeso para ello, como el de los Cabitos en Ayacucho) prestarse a la utilización de términos como éstos es, por decir lo menos, peligrosísimo. Estamos radicalmente en contra de la minería ilegal. Pero no estamos en contra de los mineros ni de sus familias y, ahora pensamos, como ellos, que tras esta campaña (que se suma a una demonización que se ha venido acumulando en diversos medios de comunicación) late agazapada una abyecta pretensión totalitaria. Evidentemente pensada desde un escritorio en Lima, #NovaleArrugar vuelve a colocar a Madre de Dios, por hablar de este caso específico, como una colonia interna.

Lo que, ciertamente, ha logrado el video es que en nuestras cabezas se enciendan todas las luces rojas de las alarmas. La campaña ha conseguido hacernos sospechar que algún tipo de racismo opera en los subterfugios de su proyecto comunicativo. Nuestra sospecha se apoya en tres indicios:

1. Que está más que claro que quién haya diseñado la campaña jamás conversó con un minero ilegal.

2. Que el 100% de los mineros en Madre de Dios hablan en quechua. Lo mismo en Cusco y Puno, y seguramente en alguna menor medida en Arequipa.

3. Que hace unas semanas Puerto Maldonado sufrió una de las peores inundaciones de su historia, pero en el contexto de este desastre,  no se organizó una campaña de solidaridad con los damnificados, entre los que estaban mineros y no–mineros por igual.

Todo apunta a una de los más grandes y comunes lastres entre los ecologistas: considerar al medio ambiente como una suerte de Dios que se ubica por encima de las personas. De acuerdo: no podemos vivir aislados de los ecosistemas, formamos parte de ellos y debemos cuidarlos y protegerlos. Pero esto va más allá de la verdad científica. Es pura ideología.

Y es ideología porque #NovaleArrugar cae en el lugar común, porque no informa acerca de las causas que produjeron una economía negra tan pujante como la de la minería ilegal. Desde el principio, el video deja en claro que el hartazgo proviene de la información que aparece en los medios, no de la información que los diseñadores de la campaña hayan recogido, experimentado o sentido en el campo. Claramente la campaña es ajena al contexto político real del proceso de formalización y la resistencia de los mineros. La desinformación comienza allí. Con #NovaleArrugar los ciudadanos pueden posicionarse como valientes o cobardes, podrán salir de la experiencia de hacer click con la conciencia lavada, pero de ninguna manera saldrán de allí más informados de lo que entraron. Cualquier persona medianamente enterada de cómo y por qué se permitió que surgiera un desastre como éste sabe que el sistema de concesiones del Estado se encuentra en el origen de la minería informal e ilegal, mucho antes que las mafias y clanes mineros o la subida del precio internacional del oro. Se trata exactamente del mismo sistema de concesiones que beneficia a las grandes mineras formales, un sistema que es un desastre: métodos de georreferenciación que no son compatibles unos con otros, concesiones mineras superpuestas a otras concesiones mineras, y a otros derechos de uso del suelo cedidos por el Estado. Cambiar el sistema de concesiones implica cambiar también las reglas para la minería formal. Un Estado, unas instituciones, una sociedad que verdaderamente no arruguen frente a la protección de nuestro medio ambiente y las reglas más elementales de la convivencia entre sus ciudadanos, pondría manos a la obra en el ordenamiento territorial y pondría este problema en el primer lugar de la lista de prioridades a negociar con las grandes empresas mineras y petroleras, además, claro, de con los mineros ilegales e informales.

#Novalearrugar tampoco informa acerca de las dificultades que están teniendo la minoría de mineros que ha iniciado el trámite de la formalización. La ventanilla única NO está funcionando. En Puerto Maldonado, de 289 trámites iniciados, 268 han quedado estancados en el Paso 3 de la formalización, es decir, la etapa donde se deberían enmendar las contradicciones entre los diversos derechos de uso cedidos por el Estado sobre la tierra. Nuevamente, el sistema de concesiones que tenemos es desastroso. Esto quiere decir que Federación Minera de Madre de Dios tiene 268 casos que demuestran a sus miles de afiliados que ese paso de la formalización minera no funciona. Y, saben una cosa: en este punto tienen razón. No funciona. Estuvimos la semana pasada en la DREM de Puerto Maldonado y pudimos comprobar que a los funcionarios que representan a las diversas instancias del Estado que deberían atender simultáneamente a los mineros en la Ventanilla Única, difícilmente se los encuentra juntos. Si el Estado no quiere ceder en el plazo último de la formalización, tiene que arreglar este problema YA.

Pero es más que probable que el Estado acabe por ceder en el plazo último de la formalización de la minería, este próximo 19 de abril y, consecuentemente con la idea de #NovaleArrugar, los encargados de conducir este proceso acabarán del lado de los arrugadores, de los cobardes, de los que no están comprometidos con su país. Lo cierto es que si el Estado cede en el plazo, lo hará porque realmente necesita más tiempo, porque necesita invertir dinero en la formalización tanto como ha invertido en el aspecto punitivo de la estrategia contra la minería ilegal. Tiene que gastar en enviar a los funcionarios de las ventanillas únicas a que solucionen los problemas de superposición de derechos, concesión por concesión. Esto cuesta un dinero que en un principio los peruanos y las ONG no estuvieron dispuestos  a gastar, pero, sobre todo, cuesta tiempo. Que ahora se haga en tres semanas parece menos que imposible. Visto así, no es que el Estado haya arrugado ahora, es que viene arrugando desde que se inició el proceso de formalización de la minería, un proceso que ha sacado a la luz lo endeble de las instituciones en el Perú. Y ha arrugado sobre todo, cuando el tema pasó por lo presupuestal. El peruano es un Estado que se muere de miedo de gastar.

Si finalmente, se decide por mantener el plazo, la campaña no ha invitado al público a reflexionar sobre lo que pasará con los miles de mineros y sus familias que, previsiblemente, no cumplirán este 19 de abril. Pasada esta fecha, los mineros tendrían dos opciones:

1. Se disuelven y se dedican a otras actividades o,

2. Deciden resistir, y continuar trabajando tal como lo han hecho hasta ahora.

De ser, esperemos, lo primero, el Estado tiene que ofrecer alternativas a la minería informal. Nadie vive decentemente con lo que gana un agricultor en la selva o en la sierra. El Estado tiene que comenzar a invertir en programas de generación de empleo, en incubadoras de empresas que generen valor agregado. De lo contrario, la alternativa para salir de la pobreza para mucha gente seguirá siendo la minería ilegal, o el narcotráfico.

De ser, seguramente, lo segundo, estaríamos frente a un conflicto social de proporciones mayores. Si la llegada de dos mil policías la semana pasada a Puerto Maldonado ha sido una demostración de fuerza, la llegada de cinco mil mineros a Lima también lo es. Traer a esa cantidad de gente implica no sólo pagar el transporte, significa organizar su alojamiento, pagar su alimentación. Estamos hablando de una organización compleja, y con un montón, pero mucho, dinero. Como mínimo, antes de clasificar a la gente entre los que arrugan y los que no arrugan, se debería contribuir a que el Estado monitoree hacia dónde se mueven los miles de mineros que no cumplirán con el plazo del 19 de abril, contribuir a evitar ese conflicto social mayor.

Lehismaniasis-Espundia

Una precisión menor: la campaña ha utilizado la imagen en blanco y negro de un rostro, deformado por la lehismaniasis, y asociado a la idea de la minería ilegal como enfermedad. Ésa imagen está en el dominio público gracias a nuestro blog Se trata de una fotografía tomada por el Dr. Máximo Kuczynski, y publicada por él en su libro La vida en la Amazonía peruana, cuando era director del leprosario de San Pablo, a finales de los años treinta. Señores: la lehismaniasis ha existido en la selva mucho antes de que apareciera la minería ilegal, no es consecuencia de ella. Y usarla en este contexto, nuevamente, regresa sobre el lugar común de la Amazonía como una región asociada a la enfermedad y al crimen. Por tanto, una región a la que hay que llevar la civilización, la salud y la ley. Nada más colonialista que esto. No podemos evitar sentir cierta lástima al ver que parte, aunque sea nimia, de los datos encontrados en la investigación que hemos venido realizando de forma absolutamente independiente y voluntaria, sea manipulada de esta manera.

No estamos de acuerdo con la minería ilegal. Y tampoco con la informal. Y es más, tampoco estamos de acuerdo con la formal, al menos no como común e irresponsablemente se practica en el Perú. Repetimos: estamos tajantemente en contra de la minería ilegal. Consideramos que el Gral Urresti está haciendo un buen trabajo, y que las interdicciones deben continuar cuando las autoridades encuentren campamentos mineros realizando minería en lugares donde la actividad está prohibida. La ley se tiene que cumplir. Pero también agregamos que mientras el proceso de formalización se lleva hasta el final, las actividades de los mineros deberían estar suspendidas por completo, una posición, por cierto, más clara respecto a la defensa de nuestro medio ambiente que la que se ha manejado desde esta campaña.

Querríamos que el Estado, la gente y las empresas no fuesen tan flojos, querríamos que la tan equivocadamente mentada creatividad de los peruanos se dejara de aplicar en tonterías, en encontrar la vía más rápida para hacer plata, y se pusiera a trabajar en la invención de soluciones para la generación de empleo y la inclusión, en soluciones que no devasten nuestro medio ambiente y no exploten a la gente, ni a otras gentes.