Minería informal

Minería informal

Miercoles, 02 de abril de 2014 | 4:30 am

La semana pasada se han producido numerosas manifestaciones de mineros informales, que derivaron en violentos enfrentamientos con la policía mientras negociaban sus dirigentes y el gobierno. La solución ha sido ambigua y los entendidos temen que la protesta haya amainado solo para encenderse nuevamente.

El dato principal es que la minería informal ha venido expandiéndose en forma sostenida y abarca actualmente todas las regiones del país comprendiendo de 150 a 300 mil personas. Es difícil orientarse en este tema, porque es una actividad altamente depredadora y los medios de prensa informan regularmente de algunos mineros que disponen de bastante capital y enorme poder corruptor de jueces y autoridades. Entre ellos se cuenta al famoso congresista conocido como “comeoro”, además de la Tía Goya de Huepetehue. En contraste, los trabajadores que ocuparon la Plaza 2 de Mayo lucían al límite de la supervivencia e indudablemente eran personas de escasos ingresos.
Por ello, lo primero es distinguir. Básicamente existen dos tipos de minería informal. La primera es aluvional y se desarrolla en ríos de la selva; mientras que la segunda consiste en la explotación de pequeñas vetas a través de socavones artesanales y se desarrolla tanto en costa como en sierra. Si la primera forma es muy agresiva con la naturaleza, la segunda no alcanza esa magnitud, porque se desarrolla en lugares mayormente agrestes.

La minería aluvional de selva comprende un tercio de los mineros informales. Aquí existen tanto trabajadores como capitalistas, siendo estos últimos tremendamente abusivos, tanto del Estado, al que burlan cotidianamente, como de sus trabajadores, a los que pagan miserias por un trabajo peligroso y expuesto tanto a mercurio como a cianuro.

Con este sector solo queda proceder en forma estricta. Dispone del capital para ser formal, pero prefiere la ilegalidad porque maximiza su ganancia. Si el Estado quiere ganar esta batalla debería aliarse con los trabajadores para obligar a los patrones a la formalización. No se trata de volar dragas solamente, se puede vencer si los trabajadores son convencidos de lo mucho que tienen por ganar al formalizarse sus patrones. Esa ganancia social debe ser explicitada y convertirse en un propósito sincero del Estado.

Pero, además, es necesario considerar al segundo sector de mineros informales. Son los de socavón, normalmente trabajan en lugares donde la ley del mineral es tan baja que no atrae a ninguna compañía grande o mediana. Son trabajadores sueltos, independientes, entre ellos casi no existen patrones, sino el esfuerzo de familias enteras. Son 2/3 del total de informales y entre ellos estaban los que acamparon en la Plaza 2 de Mayo.

Aunque la depredación es menor, estos mineros igualmente manejan ácidos y se van envenenando cotidianamente. Normalmente venden su escasa producción a acopiadores que la comercializan usando diversas vías, mayormente ilegales.

Ante una realidad compleja, la norma vigente es poco práctica porque trata a todos por igual y no distingue entre patrones y trabajadores. Habría que hacerlo y, en consecuencia, exigir condiciones también distintas para acceder a la formalización.

Luego, pensar en los trabajadores y en cómo ayudarlos para superar su precariedad. Por ejemplo, en Bolivia el Estado ha promovido cooperativas de producción entre los mineros informales.

Asimismo, el gobierno ha colocado fondos para que esas cooperativas forjen centros productivos al servicio de sus asociados. En esos centros se dispone de plantas y máquinas que permiten acceder a un mejor nivel de salubridad en la operación de los mineros artesanales.

Lo importante es que el Estado entienda la necesidad de apoyar a los mineros informales para lograr su formalización. No se trata de sentarse a esperar que lleguen a las oficinas después de reunir montañas de documentos. Como ha mostrado Roberto Abusada en Perú21, la norma vigente implica un año de trámites y una inversión de 100,000 soles. Así imposible.

About Gabriel Arriarán

Es el director de Frontera Pirata. Licenciado en antropología por la PUCP, MsC in Social Anthropology por el LSE. Trabajó como reportero en LaMula.pe, fue colaborador de la revista Frontera D, en España, y de la plataforma de periodismo de investigación Convoca.pe, en Perú. Fue uno de los periodistas que participó de la investigación de los Panama Papers. Escribe sobre la actual fiebre del oro en la Amazonía, e investiga casos de trata de personas asociados a las mafias de la minería ilegal.