El Estado tiene que dar la talla

EL RÍO MADRE DE DIOS, EN SUS NACIENTES.

Dos expertos analizan lo que tendría que hacerse en Madre de Dios para revertir las graves amenazas que se ciernen sobre los bosques de una de las regiones más biodiversas del planeta.

PUBLICADO: 2014-05-16

Ocho millones de hectáreas de bosque amazónico cubren una sabana partida en dos por la carretera Interoceánica. El 40% de esta enorme superficie boscosa está resguardada por diversas áreas naturales protegidas: el Parque Nacional Bahuaja–Sonene, la Reserva Nacional del Tambopata (RNT) , el Parque Nacional del Manu, la Reserva Comunal Amarakaeri, la Reserva Comunal del Purús.

Entre ellas, de 300 a 350 mil hectáreas han sido deforestadas. Aproximadamente el 15% de esa deforestación ha sido provocada por la minería. El restante 85% de la deforestación del departamento la ha provocado la agricultura y la ganadería.

¿Qué le depara a Madre de Dios en el futuro?

LaMula.pe habló con dos expertos en conservación: Augusto Mulanovich, director de la sede en Cusco de la Asociación para la Conservación de la Cuenca Amazónica (ACCA), y Loyola Escamilo, especialista de la Fundación Pro Naturaleza.

Y lo que se viene no es esperanzador.

El Estado tiene serios problemas para controlar y remediar ambientalmente los impactos causados por la minería informal e ilegal.

Hunt Oil ha anunciado que comenzará con la explotación del Lote 76 a finales de año, mientras corren los rumores de que el proyecto de la hidroeléctrica del Inambari –que inundaría, según Loyola Escamilo, una superficie equivalente en términos limeños a la distancia entre Ventanilla y Ate– podría retomarse.

Y se cierne la sombra de una deforestación mayor en el futuro, ante la posibilidad de que grupos económicos puedan acumular tierras en la región para la plantación de palma aceitera, un cultivo que supone una grave amenaza para los frágiles ecosistemas de una de las regiones más biodiversas del planeta.

La proyección es que en 30 años el 30% de la superficie del departamento se encuentre degradada o transformada, es decir, según Mulanovich, que 2,4 millones de hectáreas de bosque amazónico habrían ya desaparecido.

Madre de Dios podría convertirse en una sábana limpia de bosques, tal como ya es Brasil, nada más cruzar la frontera por Iñapari.

Un escenario triste y peligroso.

¿Qué hacer entonces?

Fortalecer la gestión de las áreas naturales protegidas

Para Mulanovich, la percepción de que ese gran porcentaje del territorio bajo algún tipo de protección legal ha limitado el desarrollo económico de sus habitantes –bastante generalizado entre los locales– no se ajusta a la realidad.

“La gente se mete a las ANP por todas partes, y los guardaparques están lejos de tener los recursos para detenerla. Si las ANP en Madre de Dios no están siendo afectadas tan drásticamente como se esperaría con este nivel de presión sobre los recursos es porque hasta el momento todavía hay espacio por recorrer, y porque los límites al ingreso a reservas y parques nacionales no son los puestos de control del Sernanp sino la distancia que la gente tiene que recorrer hasta encontrar los recursos que busca, y porque todavía hay recursos y madera disponibles sin necesidad de entrar a las reservas”.

Fomentar el ecoturismo

Desde que comenzó la actividad, hace 30 años más o menos, el ecoturismo una importante barrera de protección para la RNT de la minería. Mulanovich afirma que la cuenca del río Tambopata aun está limpia, y que esa modalidad sostenible de negocios ha crecido significativamente. Si en el año 2000 llegaban a la región 10 mil ecoturistas, hoy llegan 50 mil. La tendencia también se refleja en el turismo interno: en el 2012 entraron a la reserva 2000 turistas nacionales. Un año después, el número se había incrementado a 6000.

Se trata de una actividad con capacidad, además, de emplear directa o indirectamente, a muchas personas, y con unos niveles de impactos ambientales bajísimos, y con una capacidad que podría duplicarse o triplicarse. No exentos de producir impactos, los que producen los eco–albergues son mucho más manejables que los que ocasiona la minería, más aun cuando éstos, por exigencia de sus turistas, suelen reciclar todo el material orgánico y ejecutar las mejores prácticas ambientales: energía solar, programas sociales que beneficien a las comunidades de alrededor. Sin embargo el Estado, y sobre todo el gobierno regional están muy por detrás. “Puerto Maldonado es una ciudad donde no vale la pena quedarse, porque no hay nada que hacer. Y cuenta con la Torre de la Biodiversidad, que es uno de los edificios más horribles del mundo”.

Loyola Escamilo, de la ONG Pro Naturaleza, respecto del ecoturismo es algo más escéptica. Para ella es difícil que la población flotante vinculada a la minería sea acogida por el ecoturismo, a pesar que el ecoturismo sea una excelente forma de crear puestos de trabajo, tanto vía los albergues como vía la provisión de los productos y los servicios que los albergues requieren.

“En la minería hay entre 20 a 30 mil personas trabajando directa o indirectamente. No todos ellos podrían ser acogidos por una actividad como el eco–turismo”.

Fortalecer las otras actividades productivas de la región

Para Escamilo está muy claro que se deben fortalecer las otras actividades productivas de la región, principalmente maderables y no maderables (recolección de castaña, shiringa, aguaje y copoazú). Es clave identificar qué actividades son compatibles con el ecosistema amazónico (ecoturismo, forestería, agroforestería, eventualmente). y hacer que las cadenas productivas asociadas a ellas irradien hacia  productores y comerciantes.

Si actividades como éstas se industrializaran un poco más, podrían crearse puestos de trabajo y se podría aprovisionar al mercado regional y al nacional con estos productos: abastecer al turismo de Cusco y al ecoturismo de Madre de Dios con frutas. Para Escamilo, la Interoceánica se encuentra virtualmente desaprovechada.

“¡Que se use la Interoceánica!”

El principal reto en este sentido es asegurar la fidelidad de los proveedores a los operadores de turismo. Los albergues si están interesados en trabajar con proveedores locales, pero necesitan un aprovisionamiento constante y seguro. Eso habría que afianzarlo.

El Estado tiene que invertir

El Estado, por otra parte, tiene que invertir en los lugares de origen de los migrantes que llegan a Madre de Dios. En este último punto hay un consenso. Mulanovich piensa que la minería informal y la ilegal en Madre de Dios es una válvula de escape para los gobiernos regionales de Puno y Cusco, en tanto les descarga pobreza y demandas sociales que están desatendidas en aquellas regiones.

Y en ese sentido, critica Escamilo, llama la atención que el D.S 033, emitido recientemente, el “Proyecto Especial para el Desarrollo de Madre de Dios en el ámbito de la PCM” no haya tomado en cuenta las dinámicas regionales en las que están involucrados Madre de Dios, Cusco y Puno.

Si el Estado no invierte en las zonas con más incidencia de pobreza de estas regiones, seguirá llegando gente a Madre de Dios a trabajar en la minería informal e ilegal.

Ordenar la minería

Para Mulanovich, deben seguir las interdicciones de la minería ilegal, pero la pregunta es: ¿por cuánto tiempo podrá sostener el Estado operativos tan costosos como éstos?

Para Escamilo, los madrediosenses tienen que comenzar a plantearse qué tipo de minería quieren, dónde, y cuánto tiempo. Y según eso, diseñar una estrategia.

Si no se quisiera mediana ni gran minería, la formalización debería enfocarse en los más pequeños, y los que realizan mediana minería deberían adaptarse y reducir las dimensiones de su actividad.

Pero si, por el contrario, optaran por lo otro,

“y no estoy hablando del mercurio, porque eso tiene solución, sino de desbosque, manejo de sedimentos, que va a ser muy difícil incluso que en pequeña minería esos impactos se mitiguen”

en ese caso, la región tendrá que asumir las graves consecuencias ambientales de practicar mediana minería en bosque amazónico, y pensar también cuánto de las ganancias quedarían para el desarrollo de Madre de Dios.

La sensación general es que será muy difícil que el Estado peruano y el gobierno regional se encuentren a la altura para revertir la gravedad de la situación, y den la talla para crear en Madre de Dios un modelo de desarrollo distinto al actual.

About Gabriel Arriarán

Es el director de Frontera Pirata. Licenciado en antropología por la PUCP, MsC in Social Anthropology por el LSE. Trabajó como reportero en LaMula.pe, fue colaborador de la revista Frontera D, en España, y de la plataforma de periodismo de investigación Convoca.pe, en Perú. Fue uno de los periodistas que participó de la investigación de los Panama Papers. Escribe sobre la actual fiebre del oro en la Amazonía, e investiga casos de trata de personas asociados a las mafias de la minería ilegal.

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