Dinastía

 La vida excéntrica del magnate petrolero Haroldson Lafayette Hunt, el patriarca que inspiró la serie “Dallas” y dio origen a Hunt Oil, empresa exportadora del gas de Camisea y exploradora del lote 76 en Madre de Dios.
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La pantalla de un viejo televisor –de esos que usaban antenas en vez de cable, de los que, para cambiar de canal, había que girar una perilla, los que se sobre calentaban si se los tenía mucho tiempo encendido: un Zenith de entre 20 y 30 kilos de peso neto– muestra la imagen congelada de una familia tejana en pleno apogeo: los sombreros vaqueros, las corbatas: dos tiritas anudadas por una hebilla de metal; las gruesas botas y la correa de cuero no parecen hacer una buena combinación con los ternos celestes y las camisas con bombachos, aunque ellos no lo sepan y las luzcan con el insoportable orgullo de los nuevos ricos.

Dallas, la historia del linaje de los Ewing, la popular telenovela de finales de los setenta, estuvo en realidad inspirada en la prole de la familia Hunt, la misma que gracias al auspicio de su conspicuo lobbista en el Perú, Pedro Pablo Kuczynski, se hizo con la exportación del gas de Camisea y ahora explora el Lote 76 en Madre de Dios.

Drama, petróleo, dinastía…

Ganado.

DALLAS, LA MUNDIALMENTE FAMOSA TELENOVELA . 

 

El primero de los Hunt, Haroldson Lafayette Hunt, había nacido en Carson Township, Illinois, en 1889. Hijo de una familia de granjeros y el menor de ocho hermanos, Haroldson Lafayette al cumplir los 16 años recorrió el sur de los Estados Unidos de América trabajando como vaquero, obrero de la construcción y leñador, antes de establecerse en Arkansas y comenzar, poco después de morir su padre en 1911 y recibir una herencia de 6 mil dólares, a dirigir un plantío de algodón.

Con ese capital compraría unas tierras en Lake Valley, en el delta del Missisipi, y pronto comenzaría a especular con terrenos madereros de Lake Providence, Louisiana, aprovechando el subidón de los precios del algodón ocurridos durante la Primera Guerra Mundial.

Esa inclinación suya por la especulación a lo largo de su intensa y longeva vida no se expresaría únicamente en los negocios. Jugador de póker y asiduo parroquiano de las carreras de caballos, su vida personal estuvo también marcada por los juegos de alto riesgo, además del desorden. Hunt llegó a tener tres parejas, con las que engendró una prole de quince hijos que luego se pelearían y enjuiciarían entre sí por la fortuna de la familia.

Pero aún es muy temprano para eso.

Cuando acabó la guerra y los precios del algodón y de las mismas tierras sembradas con esa planta cayeron por los suelos, un Hunt casi en la bancarota se convirtió en un traficante de terrenos, que compraba por un precio a los granjeros y, casi en simultáneo, vendía a precios exorbitantes a las compañías petroleras que proliferaron al sur de los Estados Unidos durante la primera fiebre del petróleo de los años 20.

Hunt ganaba enormes dividendos sin prácticamente invertir nada de su propio peculio. Seis meses después de iniciado en la especulación con terrenos, comenzó él mismo a extraer petróleo de un pedazo de tierra de medio acre. No pasaría mucho tiempo antes que fuera propietario de 44 pozos en El Dorado, y para 1925, el treintañero Haroldson Lafayette ya fanfarroneaba con haber acumulado un capital de más de 600 mil dólares (una fortuna para la época), con la que compró una manzana entera y mandó a construir una mansión de tres pisos en el mismo El Dorado para su familia

Se trató de un dinero que dilapidaría casi tan rápido como lo ganó. Con el correr de los años 20, continuó abriendo pozos en Arkansas, Oklahoma y Louisiana y pronto su obsesión por taladrar lo llevaría de vuelta la quiebra.

Demasiados y muy altos costos fijos.

Los pozos que tenía sobre explotados se agotaron demasiado pronto, perdió dinero durante el boom inmobiliario de Florida y para cuando había de hacer el descubrimiento de su vida en los campos petroleros del este de Texas cuando comenzaba la gran depresión norteamericana, no tenía un centavo partido por la mitad.

El 26 de septiembre de 1930 ya arreciaba la Gran Depresión norteamericana, pero aquél día Hunt hizo el negocio de su vida. Se prestó 30 mil dólares de un comerciante de telas llamado P.G. Lake para comprar a Columbus M. “Dad” Joiner una concesión petrolera. De esta forma Hunt se haría con los derechos de explotación del yacimiento de petróleo más grande del mundo que se había descubierto hasta aquella fecha. Un mes después, Harold Lafayette ya tenía su propio oleoducto. Lo llamó el Panola Pipeline, y con él llevaba su petróleo como proveedor en exclusiva para Sinclair Oil Company. Tan sólo un año después de hecho el negocio con Joiner (a quién adicionalmente le cayeron 1.2 millones de dólares por los derechos sobre su pozo), Hunt tenía 900 pozos de extracción funcionando en los campos de la Texas oriental.

EL “AFFAIR” CON JFK

Aunque alguna vez se declaró admirador del presidente demócrata Lyndon B. Johnson, Haroldson Lafayette consideraba a la democracia como la obra del demonio. Además, tenía buenos contactos con los cubanos exiliados en Miami más radicales, tanto como con la mafia de Chicago. Incluso era socio de uno los mafiosos de Lousiana más reconocidos: Carlos Marcello. Conspicuo macartista, Hunt estuvo obsesionado con la infiltración comunista de los Estados Unidos, al punto que llegó a tener una gran actividad panfletaria durante los años 50. Para algunos teóricos de la conspiración, H.L. Hunt estuvo involucrado con el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1964. El mismo día del magnicidio, el organismo panfletario que tenía bajo su mando, Facts Forum, había estado distribuyendo peticiones religiosas y propaganda en la que explicaba por qué JFK no debía ser admitido en la Casa Blanca. Por lo demás, uno de los hijos de la prole Hunt, Bunker, había también financiado una campaña radial anti–Kennedy.

Al parecer, Hunt habría tenido conocimiento de que Kennedy planeaba gravar con impuestos las fortunas petroleras del país. Se repitió muchas veces que James Brading había visitado a Hunt en su oficina de Dallas el día anterior de la muerte de Kennedy. Brading estaba conectado a Carlos Marcello, otro de los sospechosos. El FBI interrogó a Hunt y a sus hijos, Lamar y Bunker, en relación con el asesinato de Kennedy, pero fueron librados de cargos y el propio FBI les asignaría algunos agentes para su protección. Incluso se planeó que el magnate petrolero se escondiera en México durante algún tiempo.

“MIS GENES TRANSMITIRÁN MI GENIALIDAD”

Hunt estaba convencido que transmitiría los genes de su genialidad a sus descendientes. Tal vez por eso tuvo 14 hijos con tres mujeres distintas. Harold Lafayette se casó con Lyda Bunker en Arkansas el 26 de noviembre de 1914. Con ella tuvo seis hijos. Cuando aún estaba casado con su primera esposa, Hunt comenzó otra familia con la curvilínea Frania Tye. Muchos años después, Franny contó que en un primer momento había creído que contrajo nupcias con Major Franklin Hunt, en la parte cubana de Florida, hasta que su hija mayor, Margaret, en 1934 descubrió tanto la bigamia de su padre como a la familia que había mantenido en secreto, y obligó a Haroldson Lafayette a entregar fideicomisos a ella y cada uno de sus hermanos.

En un acto extrañamente simbólico, los fideicomisos entregados a los hijos de Lyda se denominaron  “Los fondos de la lealtad”, y serían la piedra angular sobre la que se edificaría en las generaciones posteriores una monstruosa fortuna. Cuando Hunt se vio descubierto no tuvo mejor idea que enviar a Bunker a Nueva York e intentar convencer a su segunda mujer de que se convierta en mormona para, de esa manera, poder vivir legalmente en la bigamia. Todo apunta  a que a Franny no le gustó la idea. Cuando H.L. murió en 1974, y comenzaron los líos por la herencia, la viuda se dio con que el certificado de matrimonio entre H.L y ella había desaparecido. La pagina del libro de familia donde debía estar adjunta, convenientemente, había sido arranchada.

Haroldson Lafayette la dejó un año después, con una pensión mensual de por vida a cambio de una declaración jurada en la que suscribía que ella y él jamás estuvieron casados. Frania después diría que sólo firmó el documento para proteger a Lyda y a sus hijos de la fama bígama que ya tenía Hunt en aquel entonces.

Al año siguiente, Hunt engendraría su primer hijo con la que había sido su secretaria en Hunt Oil: Ruth Ray, y con quien se casaría en 1957,  a la muerte de Lyda Bunker.

La relación con sus hijos no dejó tampoco de ser bastante particular.

En 1946 uno de los hijos de Hunt, Hassie, diagnosticado con una severa esquizofrenia, es sometido a una lobotomía pre–frontal. Hassie había pasado la mayor parte de su vida miserable en instituciones psiquiátricas, debido a la obsesión que Harold Lafayette tenía por hacer de él un muchacho normal mediante métodos que incluyeron el valium, el electroshock y –esta es mi favorita– largas sesiones de sexo con alemanas de enormes tetas y altísimos coeficientes intelectuales.

Dos años después, cuando su hija Margaret quiso casarse con un auditor llamado Albert Hill, Harold Lafayette le negó la venia. Alegó que el tipo no era más que un braguetero. Fue así como la buena Margo cedió su parte de las acciones en el negocio petrolero de la familia, y se casó con Hill sin un centavo en el bolsillo.

– La plata es un inconveniente –llegó a decir al explicar su decisión– de hecho, casi que me ha jodido la vida.

 

Todo sobre Hunt Oil en el Perú, aquí.

About Gabriel Arriarán

Es el director de Frontera Pirata. Licenciado en antropología por la PUCP, MsC in Social Anthropology por el LSE. Trabajó como reportero en LaMula.pe, fue colaborador de la revista Frontera D, en España, y de la plataforma de periodismo de investigación Convoca.pe, en Perú. Fue uno de los periodistas que participó de la investigación de los Panama Papers. Escribe sobre la actual fiebre del oro en la Amazonía, e investiga casos de trata de personas asociados a las mafias de la minería ilegal.

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