Sangre de mi sangre

Los particulares rumbos que tomaron las vidas de los hijos de Harold Lafayette Hunt

Luego de haber vivido una vida de lo más excéntrica y experimentado en el cénit de su vida con los poderes curativos del Aloe Vera, de los melocotones y de un ejercicio al que denominó creeping, que consistía en arrastrarse a cuatro patas por el suelo, Harold Lafayette Hunt –el fundador de la compañía Hunt Oil que cabildeó junto con Pedro Pablo Kuczynski para que se aprobara la exportación del gas de Camisea, la misma compañía que hoy explora el Lote 76 en Madre de Dios– falleció en 1974 a la edad de 85 años, dejando tras de sí una fortuna que sus catorce herederos y sus tres viudas debieron repartirse.

Sangre de mi sangre: algunos de los hermanos Hunt

En la singladura de los hijos Hunt aun pueden advertirse alguno de los rasgos del propio Haroldson Lafayette.

Uno de los hijos menores de Hunt, Hassie, es diagnosticado con una severa esquizofrenia en 1946. Debido a la obsesión que Harold Lafayette tenía por hacer de él un chico normal, Hassie pasa buena parte de su miserable vida en instituciones psiquiátricas y es sometido a terapias que incluyen la lobotomía pre frontal, el valium, el electroshock y sesiones de sexo con mujeres teutonas. Dos años después, cuando otra de las Hunt, Margaret, quiso casarse con un auditor llamado Albert Hill, Harold Lafayette le negó la venia. Alegó que el tipo no era más que un braguetero. Fue así como la buena Margo cedió su parte de las acciones en el negocio petrolero de la familia, y se casó con Hill sin un centavo en el bolsillo.

– La plata es un inconveniente –llegó a decir al explicar su decisión– de hecho, casi que me ha jodido la vida.

Sin embargo, en 2005 Margaret recuperaría y aumentaría su herencia cuando su hermano menor y mejor amigo, Hassie, muere, y le deja su parte de las acciones en los negocios de la familia.

En 1961, cuando tenía 35 años, Bunker Hunt hizo uno de esos negocios ganadores que habría hecho a papi sentirse orgulloso: encontró un pozo petrolero en Libia valorizado en 8 mil millones de dólares que, poco después, le fue arrebatado cuando un emergente Muamar Al Gadafi nacionalizó todos los hidrocarburos del país. El mismo Bunker fue incluido en la investigación por el asesinato de Kennedy –en el que también se había implicado a H.L.– por haber financiado propaganda anti–Kennedy que se distribuyó la misma tarde del magnicidio. El final de la década de los 70 vería a Bunker y a su hermano Herbert cargando sobre sus hombros el peso de unas acusaciones que los asociaban al sabotaje de los mercados de la soya y la plata a través de la manipulación de los precios de ambas materias primas. En 1983 Hassie debe desligarse de ambos para evitar que su patrimonio acabase valiendo nada. Siete años después, Bunker y Herbert se ven en el inconveniente de rematarlo todo para cubrir los compromisos con sus acreedores, y quedan en la bancarrota. Tal vez a partir de este hecho es que,ya comenzada la Primera Guerra del Golfo, Bunker demanda que el fideicomiso familiar no vendiese una de sus empresas, Placid Oil, aunque su tentativa no funcionó.

El delfín

La modestia de Ray Hunt contrastaba radicalmente con la excentricidad del resto de la familia, aunque Ray compartía con ellos su pasión por el riesgo y su paradójico conservadurismo moral, el mismo que en 1977 había hecho que la revista Times le pusiera ‘The Nice Hunt’ como mote. Siete años antes, Ray había dirigido una asociación de apoyo a la fracasada candidatura de Bush Sr. al congreso estadounidense que se denominó ‘Young Men for Bush’. Desde el principio, Ray fue uno de los principales contribuyentes a las carreras políticas de los Bush, padre e hijo, y su contacto con esta familia, de Dallas, como la suya, acabaría por abrirle las puertas de la Casa Blanca a los negocios petroleros del Oriente Medio.

Entre ellos, hubo uno particularmente escandaloso. Se trató de un negociado que remeció los cimientos de la administración de Mr. Danger, como el fallecido presidente de Venezuela solía referirse a quien precedió a Obama en el Salón Oval.

Chongo en Irak

En el 2005, cuando la segunda guerra del Golfo no había hecho más que comenzar, el primer contrato de explotación petrolera firmado entre el nuevo gobierno de Irak y una compañía estadounidense le fue adjudicado a Hunt Oil, aprovechándose de la política de repartija de yacimientos petroleros con los que se financió parte de la invasión. El contrato, sin embargo, tenía un pequeño inconveniente.

No había sido firmado con el gobierno central iraquí, sino con el gobierno regional del Kurdistán, que en la práctica, desde los tiempos de Sadam, venía funcionando como una autonomía y pugnaba, en medio de la guerra, no sólo por seguir controlando su territorio sino por expandirlo a todos aquellos lugares donde hubiera alguna población kurda de importancia y, eventualmente, desmembrarse de Irak. De acuerdo con uno de los oficiales del Departamento de Estado entrevistado por el New York Times en aquella época, el convenio de explotación contradecía la propia política exterior de los Estados Unidos, que en aquel momento pugnaba por fortalecer el gobierno central de Irak y defenderlo de las tensiones étnicas que amenazaban con hacer inviable el país. El mismo Departamento de Estado había informado a Hunt Oil que su convenio con los kurdos, además, podía contravenir la ley de energía que el parlamento iraquí iba a promulgar en los siguientes meses, una ley que precisamente proponía que los beneficios económicos del petróleo se repartieran equitativamente entre sunitas, chiítas y kurdos. Interpelado por la prensa por este escándalo, en su gangoso acento tejano, el mismo presidente Bush se había referido a este contrato en términos siguientes:

Yeah…it might coulda been a bad idea. 

Y aunque el ministro en energía y petróleo iraquí, Hussain al–Shahristani llegó a decir que el contrato entre Hunt Oil y los kurdos era inválido, la voluntad de Ray Hunt –presidente de Hunt Oil y, además…ups…parte del Foreign Advisory Board– prevaleció por encima de la administración Bush y, por supuesto, por encima del interés general del pueblo iraquí.

Apuesta en el inestable y riesgoso Perú

Por aquella misma época,  cuando la guerra de Irak cruzaba su ecuador, Hunt apostó por inversiones petroleras en el medio oriente que otras compañías ni siquiera habrían considerado, por lo riesgoso de la inversión. Uno de esos hotspots petroleros, fue el Perú. La apuesta de Hunt Oil en Perú se hizo aún más importante cuando las instalaciones que la empresa había construido en Yemen fueron nacionalizadas y su producción global de petróleo se redujo en el 2006 en un 30%, dejando su registro crediticio, de acuerdo con la agencia Moodys, hecho una mierda. En tanto la compañía no esperaba crecer demasiado a partir de sus inversiones en Texas, el Golfo de México o Canadá, en el Perú, este país inestable y riesgoso, como lo define Bob Davis para el Wall Street Journal, se había hecho dueña del 50% de un jointventure de 3.8 miles de millones de dólares para comenzar a exportar el gas de Camisea en el 2010, mientras exploraba por nuevos yacimientos a lo largo del país.

Uno de esos yacimientos fue el Lote 76.

En este mismo artículo para el Wall Street Journal, Davis cuenta que:

“Mr Hunt volaba regularmente para presionar por cambios en la ley energética peruana. Uno de los prominentes consejeros de Hunt, Pedro Pablo Kuczynski, que fungía entonces como ministro de economía, ayudó a pavimentarles la vía. En el 2003 invitó a Mr. Hunt a cenar en su jardín junto con el presidente peruano, Alejandro Toledo, el primer ministro, y el ministro de energía y minas, Quijandría. Poco después el Ejecutivo comenzaría a presionar al Congreso para introducir una serie de –así fueron llamadas– “pequeños cambios técnicos”, a las leyes y regulaciones energéticas. Pasaron dos años para que los peruanos recién comprendieran que esos pequeños cambios técnicos habían transformado la política energética del país” para favorecer las exportaciones”.

Y puesto que puede leerse aquí, la historia del lobby con el que PPK favoreció la exportación del gas de Camisea ya es vieja y no hace falta contarla en esta crónica.