Eunucos y esclavos en Juego de tronos

La clave para entender a la esclavitud no es la explotación, es la incapacidad para la reproducción.

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¿Crees que te explotan en tu trabajo? ¿Tu jefe se te ha prendido, te lapea? ¿Regresas a casa y comentas a familiares o amigos que te tienen esclavizado? ¿Abres la alcantarilla y te quejas: estás al borde de la desesperación y crees que explotarás, día tras día, 24-7?

Abre una cerveza, enciende la tele, sintoniza Juego de tronos, y relájate.

Todavía no te han castrado.

De acuerdo con el extraordinario volumen Anthroplogie de l’esclavage, le ventre de fer et d’argent del etnólogo Claude Meillasoux, para poder hablar propiamente de la esclavitud africana debían tomarse en cuenta dos condiciones.La primera, que el esclavo se define como el otro, el extranjero absoluto, es decir, un individuo sin patria, despojado de las relaciones sociales que lo constituyen como persona. Un esclavo no es ni padre ni hijo ni hermano, es, en todo caso, el producto de la energía que una sociedad ha puesto en despojarlo de todo aquello que alguna vez lo hizo nativo de algún lugar.La segunda, es que, para hablar propiamente de esclavitud, el extranjero absoluto no puede ser asimilado. Debe ser mantenido y reproducido en esa posición social de por vida. En tanto no pueden ser ni padres ni hijos, ni, por supuesto, ostentar apellidos, están imposibilitados de reproducirse socialmente. Es la sociedad la que los reproduce artificialmente (en el sentido marxista de la palabra ‘reproducción’). Reproducir a una clase de esclavos requiere de una sociedad  permanentemente enajenando individuos de sociedades vecinas, originalmente asociados a tribus nómades, mediante el rapto, y quebrándolos como personas. En otras palabras, para hablar de esclavitud es necesario el encuentro entre una sociedad estatal y estamentaria compleja y una sociedad tribal e igualitaria productora de individuos que regularmente le son secuestrados, despojados de sus vínculos de parentesco y convertidos en mercancías en un mercado esclavista.

Es el caso de los Unsullied (los Intocados) en Juego de Tronos,  una modalidad esclavista que parece referirse al vínculo que establecieron las sociedades musulmanas con las tribus subsaharianas a finales de la Edad Media.  The Unsullied son una élite de guerreros castrados, criados y entrenados en Astapor, una de las ciudades de la Bahía de los Esclavos. Famosos por cualidades militares como la disciplina, la obediencia y la inmunidad al dolor, en la saga de George R. Martin son normalmente comprados  por algunas de las ciudades libres de Essos y Westeros. Sus tácticas involucran la formación de falanges (a la romana) y el uso de escudos, lanzas y espadas cortas (a la espartana). Su disciplina en el campo de batalla es tan extrema que son capaces de mantener la formación aun cuando las cosas se han puesto del más oscuro color de hormiga, y sus acciones en guerra van tan lejos como sus amos se lo hayan ordenado.

Pero lo lo que realmente los constituye como esclavos a The Unsullied no es tanto la extrema forma de explotación que los enajena incluso del instinto de supervivencia común a cualquier ser humano. Es el hecho de haber sido emasculado. Dice Meillasoux sobre los eunucos:

“son los esclavos por excelencia, aquellos que conservan el estatus legal de la esclavitud en su propio cuerpo”.

DANAERYS TARGARYEN Y SU EJÉRCITO DE INTOCADOS

The Unsullied, en tanto incapacitados para reproducirse biológicamente, deben pues ser producidos por una sociedad esclavista, en la saga, la ciudad de Astapor. Es de donde la bella Danaerys Targaryen compra a su ejército de Intocados a cambio de uno de sus dragones. Si uno de ellos muere, no es mediante la reproducción biológica que se lo reemplaza Un Intocado debe ser secuestrado y castrado, debe además sobrevivir al durísimo entrenamiento y disciplina al que es sometido. Así, este tipo de guerreros no nacen, se producen.

Lord Varys

Como para demostrar que a la esclavitud no la hace necesariamente la explotación sino la incapacidad para la reproducción biológica y social, allí está Lord Varys.

Según la saga de Juego de tronos, Varys había nacido en la ciudad de Lys. Fue vendido de niño a una compañía de cómicos que erraba por las ciudades libres y, ocasionalmente, por King’s Landing. Cuando la compañía arriba en una de esas a Myr, un desconocido ofrece a su amo una exhorbitante suma de dinero por Varys, y lo compra. Una vez en su poder, el desconocido le suministra una pócima que lo deja inmóvil y lo anestesia. Sin haber perdido del todo la consciencia, en un ritual de magia a Varys le arrancan de cuajo los testículos y el pene, y los arrojan del fuego.

Fue todo el uso que el desconocido dio a Varys. Cuando éste le pregunta qué debía hacer entonces de su vida, el desconocido contesta: muérete.

A partir de entonces Lord Varys encarna todas las formas que la muerte social adopta en la sociedad: es ladrón, espía, y su carrera hata formar parte del Pequeño Consejo de King’s Landing es meteórica. Una vez allí, Varys se convierte por completo en lo que es: el señor de los secretos, el tejedor de una red de espías con la que se gana el sobrenombre con el que los nobles lo llaman, no sin altas dosis de asco y desprecio: La Araña. Con sus tácticas de manejo y manipulación de la información, y el engaño, Varys enfrenta a unas casas reales con otras, en aras de que prevalezca aquel que pueda restablecer la estabilidad, el orden y la paz a los Siete Reinos. Los fines de su persona, pues, acaban identificados con los del bienestar común (llamen ustedes a eso ‘El Estado’, si quieren). Pero a pesar de ser un cortesano, Varys no ha dejado nunca de ser un esclavo. En tanto desprovisto de toda función social activa (padre, hijo o yerno) su vacía existencia puede identificarse con la del ordenamiento social en su conjunto. Recordemos que el desconocido que lo emasculó le ordenó que muriera. Un esclavo muerto para su amo está muerto también para la sociedad, sin vínculos con nadie, no le pertenece tampoco a nadie, y así, es una figura vacía o, lo que es lo mismo, un contenido líquido, capaz de adoptar la forma de su continente.

Varys es un esclavo cortesano (como los que abundaron en Constantinopla), pero un esclavo al fin: un extranjero en King’s Landing, que no puede escapar de su posición de extranjero absoluto (¿qué más absoluta alteridad que la muerte?) y que tanto por su incapacidad para ser el generador de un linaje o el reproductor de un apellido, ni puede adorar a sus ancestros (su emasculación está directamente vinculada con su absoluto desprecio por la magia), ni puede convertirse en yerno y así ser acogido por la sociedad en la que vive.

Si Aerys lo llama a su lado como consejero es, precisamente porque, a diferencia de sus familiares, Varys no tiene ninguna posibilidad de convertirse en Rey.