Mineros traicionados, por Fernando Rospigliosi

DOMINGO 26 DE OCTUBRE DEL 2014 | 06:00

El analista afirma que en el país se calcula que hay entre 300 mil y 500 mil mineros que no se han formalizado

Fernando Rospigliosi
  • Fernando Rospigliosi

En su corta trayectoria política, Ollanta Humala y Nadine Heredia han traicionado a muchos grupos sociales, políticos e individuos, entre ellos a los mineros informales.

En este caso, la ingratitud con respecto a quienes los ayudaron a financiar su campaña y votaron por ellos fue bien recibida por la mayoría del país, dado el desprestigio de la minería informal, el enorme daño al medio ambiente que causa, su vinculación con actividades delictivas como la explotación de menores y la trata de personas, por mencionar solo algunas de las lacras que los caracterizan.

La pareja presidencial entabló una relación con los mineros informales desde el 2006, reuniéndose con ellos y prometiéndoles apoyo, pidiéndoles dinero e incorporándolos en sus listas. Hay varias evidencias de ello, como un recibo firmado por Daniel Abugattás, que embolsó 49.000 dólares para la campaña del 2011, y un audio de este año donde este mismo admite haber recibido ese dinero delante de varios testigos.

También hay facturas de hotel a nombre de Humala y su comitiva en Puerto Maldonado del 2010 pagadas por los mineros, fotos de reuniones de la pareja con los mineros en su local de Lima y, lo más obvio e innegable, el otorgamiento de puestos en sus listas, como el del actual congresista Amado Romero ‘comeoro’, y el de Víctor Chanduví –a quien ahora acusan de aprista y fujimorista–, como candidato del Partido Nacionalista a la Alcaldía de Suyo, en Ayabaca, el 2006.

Una vez que ganó las elecciones, la pareja presidencial se desentendió de varios de los sectores sociales que la apoyaron. En el caso de los mineros informales, no solo los olvidaron sino que los pusieron como un blanco de los ataques del Estado. El motivo no fue una súbita preocupación por el medio ambiente que iluminó a Ollanta y a Nadine, sino una maniobra política que los ayudaría a superar la crisis generada por el conflicto minero Conga. Atacando a la minería informal, balancearían y complementarían su respaldo a la minería formal.

La operación fue políticamente exitosa, porque recibió el respaldo de los medios de comunicación y de la mayoría del país, horrorizada por la depredación –sobre todo– de la selva de Madre de Dios.

Pero vistas las cosas con más calma, el resultado ha sido un fracaso completo. Aunque el gobierno no ha dado cifras, todo indica que hasta ahora no se ha formalizado ni el 1% de los mineros empadronados, que son algo más de 70.000, a pesar de que los plazos se han prorrogado una y otra vez. Teóricamente el proceso debió finalizar a principios de este año, aunque ahora se ha estirado hasta el 2016; es decir, hasta nunca.

Los trámites son tan complejos, los costos tan altos y los incentivos tan bajos que el proceso naufragó en el mar de la burocracia. Aunque la voladura de dragas y maquinarias creó la ilusión de que realmente se estaba haciendo algo, todo no fue más que un espectáculo para las cámaras de televisión, aunque esta vez también rentable políticamente para el gobierno.

Hoy día la situación es igual o peor que antes. En Madre de Dios la minería informal sigue igual, con una variante: los mineros son continuamente extorsionados por policías y fiscales que fraguan falsos operativos para cobrar cupos.

En el país se calcula que hay entre 300 mil y 500 mil mineros que no se han formalizado y siguen en lo mismo. Si incluimos a sus familias, son alrededor de un millón y medio de personas.

Existe entonces un enorme problema económico y social, pero también político: ¿Cómo se incluye a ese sector de informales en el sistema político? ¿Deben estar representados o se pretende simplemente excluirlos y reprimirlos?

Ahora se habla mucho de crisis de los partidos y del sistema político. Pero nadie se pregunta cómo hacer para incluir y representar políticamente a ese 70% de la población del país que está en la informalidad.

En Madre de Dios ha ganado Luis Otzuka, líder de la principal organización de los mineros informales, que competirá en segunda vuelta por la presidencia regional con otro candidato afín a los informales. Postuló por un partido-empresa, de los que venden candidaturas, una muestra de que si se les niega el ingreso por una puerta, entran por otra. ¿Alguien planteará alguna alternativa para el 2016?

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