No subestimen a la juventud

Escribe: Soraya Pujol

Se ha abierto un debate internacional a raíz de los hechos del pasado 1 de octubre en Catalunya, si es que siempre que hay palos hay noticia. Yo soy una joven catalana que vive en Lima desde hace 3 años y he estado siguiendo casi al minuto los acontecimientos de mi tierra en estos últimos días. Con mi novio andaluz hemos estado comparando nuestros muros de Facebook, ha sido un estudio sociológico bien entretenido, nuestros contactos compartían post bien variados, algunos de estilo cómico, otros desde el sentimiento más profundo, me siento español, me siento catalán, el referéndum es ilegal, queremos votar, viva la guardia civil, fuera la guardia civil… 

Nací en el 87 y ya estaba la democracia instaurada en España. Mis abuelos emigraron por hambre de Andalucía a Catalunya. Mi abuelo, maestro de obra, trabajaba a destajo en Barcelona, dormía en la obra y trabajaba sin parar. Los tiempos de prosperidad en Catalunya les permitieron formar una familia. Mis padres son nacidos en Catalunya, vivieron la dictadura y la transición, yo nací sabiendo lo afortunada que era por nacer en democracia, el comentario “pues en tiempos de Franco esto sería impensable” lo he escuchado mil veces.  


Desde mi humilde opinión, creo que hay mucho miedo al cambio político. En España solo tres partidos (UCD, PSOE y PP) han gobernado en el país en 40 años de democracia, siendo UCD el primer gobierno tras la muerte del dictador Francisco Franco y tomando posteriormente el bipartidismo ganador en elecciones entre PP y PSOE. Los dos partidos que están gobernando en España tienen la mancha de la corrupción desde hace años pero la mayoría del pueblo sigue delegando su confianza en ellos. El miedo condena al autoengaño, la angustia de la incertidumbre (perderé mi trabajo, podré pagar el alquiler…) la saciamos con resignación.

Votar cada 4 años es un acto democrático muy importante y bajo mi parecer demasiado cómod. Pienso que en los tiempos que corren hay pereza por hacer política, por tener que pensar, por tener que preocuparme de mi barrio, de mi entorno, de levantarme del sofá. Veo en gran parte de mi pueblo una postura conformista derivada quizás de la resignación que los hace pensar “total, todos roban”. Me preocupa y mucho este conformismo que vota por mantener una monarquía parlamentaria que todos sabemos que nos roba, que piensa en sus negocios antes que en el pueblo, y que se perpetua en nuestras instituciones democráticas. 

El bipartidismo se hace democráticamente posible porque hay un pueblo votante que prefiere que lo hagan otros aunque mal, que hacerlo uno mismo (vencer su miedo). Cuando mis padres me hablan de cómo los criaron y cómo fue su escolarización pienso en la gran diferencia que hay entre nuestras generaciones. A mí no me golpearon mis profesores, a mí sí me dieron espacio para opinar, me enseñaron a debatir, participé en asambleas, voté por decisiones que hacían referencia a la gestión de mi escuela y de mi aula. Pienso en mis padres y veo que nadie les enseñó a hacer política, nacieron o vivieron una dictadura, los educaron con represión, así son las cosas y si no lo haces y te pillo te llevas un tortazo. Miro a mis padres y hacen todo lo que pueden por hacer bien las cosas, ser buenos ciudadanos que respetan la ley, buenos cristianos que mantienen las tradiciones, haciendo el bien de impedir que vengan tiempos peores, como los pasados. Pienso que la educación tradicional que recibieron mis padres está destrozando nuestro presente y el futuro de nuestro país, que todavía hoy día, aun comprobándose científicamente que la educación tradicional no responde a las necesidades de las futuras generaciones, se sigue perpetuando. 

Pero es que resulta que España y Catalunya también tiene gente joven, que vale mucho, que nuestras familias se han esforzado mucho para darnos lo mejor. Nos hemos formado en escuelas públicas con profesores excelentes, hemos convivido con la pluralidad y diversidad en nuestros barrios, pueblos y ciudades, yo he visto como mi abuela tenía miedo cuando se encontraba una persona con color de piel negro, de niña ya tenía los argumentos para explicarle y calmar a mi abuela para que venciera su miedo. 

El gobierno de España más conservador manda avisos y mensajes dejando en claro que no subestimen la fuerza de la democracia española, mensajes que son apoyados por una parte de la población española que se atreve a tildar de terroristas a los catalanes independentistas, son personas que se alegran de que el pueblo catalán reciba palos por saltarse la ley, que mantienen la idea de que la gente aprende a palos, como los que ellos mismos recibieron, que hay temas que son indiscutibles, que no puede ni existir la posibilidad de dialogar porque el que manda así lo dictaminó en la Constitución Española que ellos votaron, no yo. A todos ellos les quiero decir que no subestimen a la juventud de su país.

 

La concepción patriarcal española es adultocentrista y designa en nuestra sociedad relaciones de poder que fomentan el desinterés juvenil por la política, las prácticas tradicionales de los políticos nos excluyen a muchos y por mucho que se esfuercen en mantener el estado como ellos lo pensaron a golpe de porra con nosotros no funciona. 

Mucha juventud en Catalunya y en España está haciendo política, no en el Congreso, ni en Facebook insultando a todo el que piense distinto, si no en la calle, en asambleas, en actos culturales, en iniciativas autogestionadas, diálogos sobre cosas que algunos defienden que no se pueden cuestionar, y pese a quien le pese, esto es hacer política. La asamblea que se realizó en Zaragoza es hacer política. Las llamadas de ciudadanos catalanes pidiendo votar es hacer política, las manifestaciones de los ciudadanos en Murcia pidiendo el soterramiento del AVE es hacer política. Todas las voces de los ciudadanos pidiendo ser escuchados desde hace años en España es hacer política, con su “democracia” tradicional, responden de la única forma que saben, la única que han aprendido: callar al que piensa distinto a base de golpes y encima tienen la poca vergüenza de utilizar la estrategia de confrontación entre ciudadanos para seguir perpetuando su forma de hacer política. 


A todos los que creen que no existen otras formas de hacer política diferentes a las que ellos conocen, les digo que no subestimen a la juventud de su país, que no sean tan egoístas, que se adapten a la realidad del presente. Que piensen en cómo los educaron y confíen en la juventud que está invitando al cambio con propuestas democráticas. Que se esfuercen por vencer los estigmas que les hacen rechazar las opiniones de otros por su color, por cómo viste, por cómo lleva el pelo. 

Yo pude con 7 años ayudar a mi abuela para que no pasara miedo cada vez que se encontraba con el vecino senegalés. No fue fácil, lo reconozco, pero si llevamos 40 años de democracia y todavía no superamos la dictadura, igual demuestra que nuevas formas de hacer política son necesarias para prosperar y adaptarse a los tiempos modernos.    

¿Y ahora qué hacemos? ¿Aplicamos el artículo 155 o nos ponemos de una vez a trabajar en encontrar nuevas formas de hacer política?